El jueves 24 de mayo de 2018, Bad Bunny subió al escenario del Club Central Córdoba en Tucumán. No había pantallas gigantes transmitiendo el show al mundo, no había millones de personas pendientes de cada movimiento y su nombre todavía no estaba asociado a premios, discursos políticos ni eventos globales como el Super Bowl.

Esa noche formaba parte de su gira “La Nueva Religión Tour”. Y él era, ante todo, un referente del trap latino.

Sonaba fuerte en auriculares, en parlantes de autos y en boliches. Sus temas circulaban en YouTube y Spotify, pero todavía no había cruzado por completo al pop global que años después lo convertiría en un artista capaz de llenar estadios y dominar conversaciones culturales.

Tucumán fue una de esas paradas de gira. Una más, en apariencia. Hoy, vista en retrospectiva, parece una postal anticipada de algo mucho más grande.

Las entradas anticipadas costaban $600. La general, $800. El VIP Platino, $1500. Números que hoy suenan irreales incluso para cualquier recital local. El público era una mezcla llamativa: adolescentes que ya lo seguían por el trap, jóvenes de veintipico que lo tenían como referencia musical nueva y también adultos que querían ver de cerca a ese artista del que tanto se hablaba.

No era todavía el Bad Bunny transversal que escucha toda una familia. Era un artista asociado a un género puntual, a una estética urbana, a un sonido más crudo y menos masivo que el que vendría después.

CENTRAL CÓRDOBA. Bad Bunny se presentó en el club el jueves 24 de mayo de 2018, en el marco de su gira “La Nueva Religión Tour”. / GENTILEZA DE RUBÉN URUEÑA

Un artista sin exigencias en un club acostumbrado a figuras

En Central Córdoba están habituados a recibir artistas internacionales. Y con ellos, listas de pedidos, exigencias técnicas y detalles logísticos que suelen complicar la organización.

Con Bad Bunny pasó lo contrario.

Rubén Urueña, presidente del club, recordó cómo fue recibirlo aquella noche y hay un punto que se repite en su memoria: la simpleza. Desde su llegada a la provincia hasta los detalles internos del show, no hubo pedidos extravagantes ni exigencias fuera de lo común. Camarín, catering, logística técnica: todo fluyó con normalidad.

Para un club que está acostumbrado a riders extensos y requerimientos específicos, la experiencia resultó llamativa. Bad Bunny, en pleno crecimiento de su carrera, se manejó con un perfil bajo y una actitud sencilla que quedó grabada en el recuerdo institucional de Central Córdoba.

Pasó por Tucumán antes de que todo explotara

En ese momento, fue una fecha más dentro de una gira intensa por el país. Convocante, comentada, fuerte para la agenda local. Nada hacía pensar que años después ese mismo artista sería protagonista del evento más visto del planeta.

Pero hoy, después de verlo en el Super Bowl, esa noche vuelve con otro peso.

Central Córdoba fue parte del recorrido previo a la consagración. Una de las paradas de un artista que todavía estaba construyendo su lugar en la música, cuando su identidad artística estaba más asociada al trap y al sonido urbano que al fenómeno pop y cultural que representa ahora.

Aquel jueves 24 de mayo de 2018, Bad Bunny cantó en Tucumán como un referente del trap en plena expansión. Nadie hablaba todavía de fenómeno global. Nadie imaginaba premios, récords ni escenarios monumentales.

Y, sin embargo, pasó por acá.